
Arcoíris de elegancia Tweet
Su fuerte personalidad, una marcada educación por el arte y las antigüedades, fruto de sus viajes y estancias en la vieja Europa, y su pasión por el color y los detalles hacen que Alex Papachristidis sea, hoy por hoy, un icono en la alta decoración.
Su apartamento en Nueva York es un escaparate de sus gustos, de su estado de ánimo, de sus propias emociones. Es, en definitiva, arte en todos los sentidos.
Su exquisita colección de pinturas, esculturas y toda clase de objetos adquiridos en cualquier rincón del mundo, la elección de los colores, fuertes y arriesgados, recreando un arcoíris de elegancia, y su habilidad a la hora de organizar y ordenar los espacios, recrean un pequeño mundo de fantasía y confortabilidad.
Aunque el diseñador adora cada una de las estancias de su apartamento, se decanta por el coqueto y cálido salón, en el que “pasamos la mayor parte del día disfrutando de nuestro tiempo.” Es, además, la habitación en la que se concentran sus objetos más personales.
El conjunto de su espléndida colección de arte es quizás para Papachristidis su bien más preciado, aunque la escultura de la época Qajar de principios del siglo XIX que representa a un ciervo, realizada en acero y con incrustaciones de oro y plata, se convierte en un pequeño tesoro para el interiorista.
“No sólo me recuerda la historia increíblemente rica y opulenta de la cultura persa, sino que también tiene un valor intemporal que funciona en cualquier decoración. De hecho, invito siempre a todos mis clientes a que se hagan con una versión.”
Una vivienda extremadamente personal que despierta una agradable sensación de recogimiento y calidez, que anima a pasar horas en sus mullidos sofás mientras las horas pasan entre charlas, libros e historias acaecidas en épocas lejanas y de gran esplendor.
G. Costa
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